¿Te gustaría que todo volviera a ser como antes? ¡Yo te puedo ayudar!
Nunca seas amigo de una teoría sin aplicación práctica… Es sna pérdida de tiempo.
Hoy más que nunca estamos rodeados de discursos. Éste que lees ahora mismo es “un discurso más”.
Entonces, ¿cuál es mi planteamiento? Si lo que te dicen no lo puedes aplicar (por complicado o inespecífico) deséchalo. No tiene sentido hablarlo y no hacerlo…
Tiene sentido hacerlo y explicarlo. Observa el orden porque esa forma incluye una experiencia que te irá quedando más clara en la medida que avances en la lectura.
Últimamente me incomoda mucho el discurso que se ha puesto de moda y ya a mí me suenan a frases hechas y huecas: “haz lo que amas” (y si no sabes qué es exactamente lo que amas, créeme, he conocido personas que no lo tienen tan claro), “tú necesitas tener el trabajo de tus sueños” o “debes vivir cómo mereces”…
Todo suena indispensable para ser feliz, pero ¿y si tú realidad no se parece a “eso”? ¿Te debes declarar infeliz y comenzar a ver esa situación como una especie de “castigo”? (Ese pensamiento es muy común, “si no es como creo que quiero, no estoy a gusto y me deprimo”).
La negación del momento presente, el desvío de la mirada, el juicio negativo sobre lo que se está viviendo y el no hacerse cargo de las emociones que se generan y gestionarlas (esto es, aprender a vivir con ellas y reconocer que son producto de tus opiniones respecto a los hechos y no de los hechos mismos) crea una emoción que he visto crecer mucho en el último año, el desasosiego.
Pero te has preguntado ¿qué pasaría si opinaras diferente? ¿Y si te dijeras cosas positivas? Cómo por ejemplo, ¿qué necesito aprender en este momento para poder sobrellevarlo con salud y armonía?
¿No cambiaría la percepción del momento presente? Si paras de buscar que todo sea según tu deseo, si aprovechas lo que está, como está y dónde está, ¿no cambia toda tu sensación de repente?
Lo que planteo es cómo alguien me lo describió: “ el regreso a casa”… Que no es otra cosa que entender quien tú eres aquí y ahora… Para poder definir y construir quien deseas ser mañana… pero sin negar tu presente, tu circunstancia, tu incomodidad externa (como también me lo dijo una amiga bella, Ramelis, “la realidad de afuera”).
Lo único que realmente depende de cada uno, ya lo dijo Epicteto, es el “libre albedrío sobre tus pensamientos”. O sea, la forma como tú piensas, los juicios u opiniones que tienes respecto a todo. He ahí tu acto creador de realidades…del cual NECESITAS hacerte absolutamente responsable.
¿Existe alguna forma de aplicar esto a tu vida? ¡Sí! Por eso digo, sólo hazte amigo de teorías que puedas vivir en la práctica.
Esto envuelve una dimensión moral elevada: exige que seas capaz de responder por lo que está bajo tu cuidado… y tu salud física y mental lo están. Son tu responsabilidad.
La verdad es que la vida solo es perfecta mientras la imaginas…sólo por el hecho de que imaginas eventos aislados, desconectados de una realidad única, desconocida en su totalidad, variable, incierta.
Cuando ese “momento ideal” llega, sentimos que no tiene tanta magia como la tenía en nuestro pensamiento… Y es lógico, en la realidad, es un hecho rodeado de otra serie de acontecimientos. En nuestro pensamiento, es un ideal y, como tal, no puede manifestarse tal cual.
¿Cuál es entonces la verdad que nos están robando esas frases que mencioné arriba? No son aplicables, no responden a la realidad y nos hacen olvidar que necesitamos “acomodarnos” a cada instante.
Ajustarse, reinventarse, son acciones saludables tanto para el cuerpo como para la mente. ¿No es cierto que aún durmiendo no logras mantener una misma posición por mucho tiempo y terminas moviéndote?
Entonces, ¿por qué te haces inflexible ante lo circunstancial y sufres por no poder controlarlo? Este momento te está obligando a un mayor despliegue de flexibilidad… A ser según la exigencia del bien individual, pero también del bien colectivo.
¿Cómo se materializa eso sin sentir que me entrego y renuncio a lo que “creo que quiero”? (lo digo así porque mucha gente cuando alcanza su meta se da cuenta de que “no era tan buena como en sus sueños”).
En mí opinión, no permitiendo que te “siembren necesidades”. Que te induzcan a desear cosas que no están en tus manos y, peor, que no existen. Que te “hagan creer que eres desgraciado”. No lo eres. Simplemente tienes una mala opinión de ese algo (que puede ser trabajo, familia, pareja, situación).
Necesitas lo que tienes. Lo que no tienes, pero igual estás vivo sin ello, lo prefieres… y puedes ir por eso, pero ve consciente de que una parte depende de ti, la voluntad de ir por eso. La otra parte, depende de situaciones que tú no controlas.
Lo que significa que es inútil perder el sueño por esas cosas. Tú haz consciente y con alegría tu parte. No estoy hablando de ser negligentes. Hablo de saber discernir, como decía Epicteto, donde comienza y dónde termina tu influencia, tu control del asunto.
Entendiendo que “lo que quiero” y no está es porque todavía no está alineado conmigo, con la persona que soy. Construirlo, hacerlo tangible es un viaje que debo iniciar y realizar viviendo plenamente su camino con todo lo que trae.
Si a través de este artículo te diste cuenta de que has estado pensando mal, no te castigues por eso. Todos lo hacemos hasta que despertamos.
La vida está. Tú decides cómo te acoplas. Ahí nadie puede decidir por ti.
Pregunto, con esta actitud, ¿estás ejerciendo tu libre albedrío? Sí, ¿estás negando tu presente? no. ¿Estás yendo hacia tu propio centro, aquello con o que te identificas y vibras sin esfuerzo? Sí.
¿Necesitas hoy sentirte desgraciado, desmotivado o angustiado porque “hoy” todavía “no eres ese pintor que sientas que está en ti”, por ejemplo? No.
¿Entiendes que tu realidad de hoy también fue una construcción y que tú y nadie más que tú la puede reconstruir? Sí. ¿Entiendes que tú puedes hacer eso sin imprimirle sufrimiento, angustia, desasosiego? … Responde tú.
Ni metas, ni ausencia de ellas. La palabra mágica, reafirmo, es “acoplamiento”. Ir con la vida. Ser el que eres dentro de las posibilidades de cada momento, mientras te diseñas tu nueva identidad que necesita tiempo para consolidarse y manifestarse.
Finalmente, necesitas saber que si tú opinión de este momento es que te está resultando muy difícil es porque ”no te estás acoplando”. Te estás resistiendo. Esa fuerza contraria que ejerces voluntariamente es la causa de tu sufrimiento.
La siguiente máxima de Epicteto resume bellamente lo dicho: “No pretendas que los sucesos ocurran como quieres, sino quiere a los sucesos como suceden y vivirás sereno”.
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